CARTA DE UN LECTOR: ¡SÍ SOMOS PENDEJOS!

Tabula Rasa Sin Fronteras,De nuestros lectores
Por: Ricardo Puentes Melo
20 febrero, 2016

Carta de un lector: ¡Sí somos pendejos!

Una interesantísima reflexión de un ciudadano normal, frente a los diálogos en La Habana y el proselitismo armado de las FARC

En El Diamante, Caguán, las FARC también hicieron proselitismo armado, con la ayuda de la Cruz Roja

En El Diamante, Caguán, las FARC también hicieron proselitismo armado, con la ayuda de la Cruz Roja

Apreciado señor Ricardo Puentes:

No hay duda de que los pendejos hemos sido los colombianos y su artículo lo único que nos evidencia es eso, ¡Y de qué manera!

Comenzando por el ex presidente Álvaro Uribe, quien por su falta de olfato y malicia o por su inexplicable inocencia, no supo percibir la calaña de personaje al que postuló como su candidato heredero de confianza, encarnado en la figura de Juanhampa Santos Calderón, no obstante que a este último le resulta imposible ocultar en todas las características de su rostro y en sus expresiones, toda la hipocresía, falsedad y maldad que se manifiesta en su mirada torva, cínica y esquiva.

Lamentablemente para Colombia, Juanhampa resultó ser en realidad el político más siniestro que nuestra corrupta clase política haya podido producir a todo lo largo de toda nuestra trágica historia republicana. No entiendo cómo en nuestro país, tan lleno de abogados de todos los perfiles, nadie se haya atrevido a denunciarlo y demandarlo por peculado, pues definitivamente abusó de la confianza de sus electores, quienes lo escogieron para que terminara de cumplir con la misión para la cual se le eligió. Es como si en una empresa se contrata a un gerente y se le exigen unas determinadas funciones y unas competencias y resulta que después descubrimos con angustia que nuestro nuevo empleado ni competencias tenía y que además de ello, termina desfalcando a la empresa y causándole gravísimos problemas en todos los órdenes institucionales, económicos, legales, pero sobre todo morales, pues lo cierto es que a manera de comparación con este ejemplo, el daño moral causado por el deshonroso presidente, es irreparable.

¿Es que no le cabe acaso, una justa demanda por abuso de confianza por traicionar de manera dolosa a quienes ingenuamente depositaron su voto de confianza para que cumpliera con una misión y con un mandato del pueblo, para en cambio se torciera e hiciera todo lo contrario? ¿No le cabe una demanda por traición a la patria el permitir y facilitar el ingreso de tropas armadas extranjeras como lo acaecido en el corregimiento de El Conejo por parte de las tropas venezolanas para intimidar a nuestra población y a nuestro propio ejército?, ¿No es una traición a la patria neutralizar y sobornar al punto de la humillación y la vergüenza a nuestra vapuleada institución castrense, convirtiéndola en una entidad pusilánime y acabando con la poca dignidad que allí queda, al amenazar con reemplazarlos por terroristas? ¿No es tampoco una traición a la patria sobornar jueces, comprar senadores y congresistas, favorecer con altos pero inmerecidos cargos a los hijos ineptos de lo más granado de la élite política corrupta de Colombia? ¿No es, a propósito del tema del tráfico de influencias en beneficio descarado de los caciques políticos y su rosca de amigos como la manera de pagar con mermelada, otro grave delito?

Y ahora a los colombianos, que hemos creído y confiado en lo que solía ser nuestra democracia y nos hemos sometido honesta y respetuosamente a las reglas del juego institucional y a sus instituciones, ¿quién podrá defendernos? ¿Quién nos podrá podrá defender, cuando nuestro siniestro presidente mediante su prodigiosa capacidad para mentir, engañar y distorsionar la verdad, les ha aplicado la misma receta infame que nos aplicó a quienes lo elegimos, engatuzando desde el mismo presidente de los Estados Unidos, pasando por Ángela Merkel, por el inepto Secretario General de ONU, Ban Ki-Moon y terminando con el ingenuo papa Francisco?

La conclusión, es que los únicos que podemos defendernos de esta tragedia que nos agobia, llamada Juanhampa Santos, somos nosotros mismos. Ojalá y nos sirva el espejo, y de ejemplo, la tragedia padecida por nuestro hermano pueblo venezolano, que también fue víctima de otro megalómano mentiroso y que a pesar de no ser tan mentiroso como el nuestro, sumió a Venezuela en la miseria desde el momento mismo que introdujo tropas cubanas de ocupación para proteger su revolución, luego, convirtió en un verdadero gallinero de cobardes y oportunistas al otrora arrogante y orgulloso ejército de Venezuela, ese mismo ejército que ahora nos invade. Parece lo de Venezuela, una historia como calcada de lo que ahora nos sucede, pero que en el fondo, es el mismo método de guerra de invasión aplicada por el comunismo de Cuba siguiendo instrucciones de la ex Unión Soviética en lo que es ahora la Rusia de Putín.

Pareciera absurdo, pero todo indica que el método de expansión comunista o socialista, o lo que sea esa religión de la envidia, todavía les funciona. Como dice la Biblia, el que quiera leer, que lea. El que quiera ver, que vea y el que quiera actuar, que actúe, pero que después que no vayan a decir que nadie nos advirtió, o que nadie nos dio una oportuna señal de alarma. La única salida es exigir, o tumbar, o lo que sea y con carácter de urgente, al oprobioso gobierno de Juanhampa. Personalmente no sé cómo hacerlo, pero sé que hay que hacerlo, antes de que sea más tarde todavía.

Le ruego apreciado Ricardo que omita mi nombre si publica lo que le comparto, pues quiero evitar terminar siendo perseguido, acusado, vilipendiado, amenazado o en el peor de los casos, enmermelado, pues en realidad no es el momento para ser tan valiente como lo ha sido usted con sus denuncias. Apenas soy un ciudadano común y corriente, pero testigo del accionar de estos miserables canallas que se han apropiado de este país.

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(La carta del lector se origina en la siguiente columna: ¿Santos nos cree pendejos? )

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