OÍMOS MUY POCO LA PALABRA COMUNISMO

Actualidad
Por: Ricardo Puentes Melo
9 marzo, 2016

Oímos muy poco la palabra comunismo

Se oye poco en estos días la palabra comunismo. Utilicémosla viendo cómo ella revela, en verdad, los rastros sangrientos del monstruo

 JG Malliarakis

JG Malliarakis

Por JG Malliarakis

Traducido del francés por E. Mackenzie

http://www.insolent.fr/2010/11/on-entend-trop-peu-le-mot-communisme.html

26 de noviembre de 2010

Desde el pasado 23 de noviembre, las agresiones de Corea del Norte suscitan no pocas discusiones en los grandes medios de desinformación. Pero una cosa me llama la atención, de manera sin duda muy subjetiva: no se nota mucho que hablen del carácter comunista, y hasta arcaico, del régimen de los Kim en el poder en Pyongyang. Esa palabra es evitada sistemáticamente. Tratemos aquí de corregir esa lamentable discreción.

La ocultación de la naturaleza comunista del problema hace que la división en dos de ese hermoso reino de la Calma Matutina sea incomprensible para las generaciones posteriores a 1953. Se habla del “vecino” del sur como si se tratara de la Bretaña, separada de la Normandía por el riachuelo Couesnon. Y, por supuesto, eso lleva al oyente francés de nuestra radio estatal a igualar los dos países, que no forman sino uno, dividido artificialmente en dos Estados.

Agresión comunista de carácter salvaje y arcaico. Comunista es esa dictadura congelada en el mundo de la Guerra Fría, comunista es ese ejército de un millón de hombres, comunista es también el diputado francés Candelier que intervenía en favor de ella en la Asamblea Nacional.

Comunista es la infame dinastía Kim única escapatoria para el mantenimiento de la nomenclatura local.

Comunista es la hambruna que se precipitó sobre el pueblo coreano del norte, con la sola excepción de su burocracia y de sus dirigentes bien nutridos con crema helada.

El vecino del sur produce automóviles, aparatos electrónicos de todo tipo. Su nivel de vida hoy es igual al de Francia, aunque era muy pobre. Su cine produce “Poesía”, una magnífica película que algunos clasificarán, quizás, de izquierda, ya que cuestiona nuestra sociedad de consumo.

Petro con bandera del cric2

Al comunismo hay que llamarlo por su nombre: “comunismo”

La brecha entre las dos Coreas se amplió año tras año, lo que confirma, de manera práctica indiscutible, la inferioridad económica del sistema comunista y la superioridad de Bastiat sobre Marx.

Comunista, es decir arcaica, es la saturación general de nuestra prensa, cada vez más vulgar, cada vez más destructora del lenguaje, de la pronunciación más elemental del francés.

Comunista es el discurso imbécil sobre el sistema de jubilación de Francia que pretende mantener bajo el principio de la “repartición” y que se asombra, al mismo tiempo, que sus gerentes, tristes burócratas, ajusten con precisión el cursor en función de la demografía y de la edad del capitán.

Comunista, de nuevo, es el desfile patético de 3 200 miembros de la CGT el pasado 23 de noviembre en la plaza de la Bolsa de París, donde aparecieron el camarada en jefe de la CGT, Thibault, y la camarada ex jefe del PCF, Marie-Joe Buffet, asociados hoy como ayer lo estaban Frachon y Thorez, Seguy y Waldeck Rochet, Krasucki y Marchais.

Comunista es toda esa retórica antiliberal inflada como espuma tras los disturbios de 1999 en Seattle, donde José Bové llevó los colores del jacobinismo francés en nombre de los amigos de Fidel Castro.

Comunista es todo ese discurso que se pretende razonable que consiste en satanizar lo que llama la “mundialización liberal”, como hacían en los años 1930 cuando inventaron la movilización “antifascista” en beneficio exclusivo de un José Stalin quien optó por pactar con Hitler el 23 de agosto de 1939.

Comunista es la utopía de una economía dirigida por el plan y no por el mercado, es decir, en última instancia, por el consumidor.

Comunista es la enseñanza de la historia de los que tratan de empujar a los jóvenes desarraigados contra el país que los acoge.

Comunista es el urbanismo planificador y gris que es el responsable del fracaso de nuestros suburbios.

Comunista es el crimen totalitario del siglo XX.

Hasta que no hayamos comprendido esto, seguiremos expuestos a cometer los mismos errores, en beneficio sin duda de otras amenazas terroristas como la ahora llamada yihad islámica, la cual está decidida a destruir Europa.

Comunista es, finalmente, el apoyo que dan los espectros del bloque del Este al islamo-terrorismo internacional.

Se oye poco en estos días la palabra comunismo. Utilicémosla viendo cómo ella revela, en verdad, los rastros sangrientos del monstruo.

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