ARGENTINA: SR. MACRI, PEQUEÑOS AJUSTES SON INSUFICIENTES

Los “ajustes” se quedan cortos, porque no van a la raíz del problema: no se derogan las leyes malas; por eso no hay cambios estructurales ni mejoras sostenibles

Mauricio Macri y Dilma

Pequeños ajustes son insuficientes

Los “ajustes” se quedan cortos, porque no van a la raíz del problema: no se derogan las leyes malas; por eso no hay cambios estructurales ni mejoras sostenibles

Alberto Mansueti
Alberto Mansueti

Por Alberto Mansueti

Enero 30 de 2016

El socialismo parece regirse por la “ley del péndulo”: es el “ciclo económico” que describen los economistas de la Escuela Austríaca, pero en el plano político. Hay dos fases.

Primero hay el populismo desenfrenado. Se desata la fase expansiva en la economía, con alza en el gasto estatal, y emitiendo toneladas de billetes. Se va a “proteger a la industria nacional”, así que se otorgan subsidios y monopolios; de este modo se crean empresas antieconómicas, y empleos artificiales. Aumenta el empleo estatal, y se decretan “planes sociales” para comprar votos. Además, se relajan las exigencias en los préstamos, para “estimular la demanda”, o sea el consumo, estilo Keynes.

Pero si no hay ahorro ni capitalización, no hay desarrollo, ni crecimiento. La economía cerrada se hace ineficiente. Y la borrachera “social” termina en gran resaca: estanflación (inflación con estancamiento), desinversiones, con quiebras o cierres de empresas, y paro masivo.

Entonces llegan los “Neo” liberales, para la segunda fase, la “contención”.

¿Toman medidas radicales, como debe ser, para acabar con el estatismo? ¡No! “No hay piso político”, dicen. “No es viable”. No es “políticamente factible”. Por tanto, se limitan a corregir algunos de los excesos más groseros y aberrantes del socialismo. Nada más. “Estabilización” es un mantra favorito.

Como los bomberos, apagan el fuego; pero sin reformas de fondo. Hay apertura al exterior, pero “no demasiado; ¡no nos vayamos al otro extremo!”, explican.

Sin embargo, los “ajustes” se quedan cortos, porque no van a la raíz del problema: no se derogan las leyes malas; por eso no hay cambios estructurales ni mejoras sostenibles. Tarde o temprano hay descontento, que va “in crescendo”, hasta que a caballo de “la crisis”, la izquierda radical regresa con su demagogia al poder, más tarde o más temprano. El péndulo cambia de curso. Y el ciclo recomienza.

Mauricio Macri
Mauricio Macri

Ejemplo: Argentina. Terminó ahora otra fase populista salvaje, y llegó la caballería al rescate. Esta película ya se ha visto, muchas veces. ¿Cuántas? El economista José Luis Espert nos recuerda “cinco crisis en medio siglo”. Pero hubo otras, anteriores.

(1) La primera década peronista (1945-55) destruyó gran parte de la economía argentina, aunque muchos de los fundamentos del estatismo, como por ej. el Banco Central, fueron puestos por los conservadores en la década anterior. Y con Aramburu Presidente, fue Raúl Prebisch, ex funcionario en aquellos gobiernos, y economista no liberal sino keynesiano, quien propuso el Plan Prebisch para “corregir el caos”. Casi todo el país se opuso al Plan, que aunque muy intervencionista, se calificó de “ultra-liberal”, y ni se pudo aplicar totalmente. Aquella “Revolución Libertadora” terminó sin hacer la tarea.

(2) Pero los militares co-gobernaron de hecho con el radical Arturo Frondizi (1958-62), a través del Ing. Álvaro Alsogaray, economista liberal encargado de “contener” al Super-Ministro Rogelio Frigerio, que era partidario de una economía nazi-stalinista.

(3) A la caída de Frondizi, el tira-y-afloja entre populismo y “ortodoxia” continuó bajo su sucesor José M. Guido. En su breve interinato de 1962-63, hubo hasta una mini-guerra civil: “azules” versus “colorados”.

(4) El radical Arturo Illía (1963-66) hizo una fase populista muy moderada. Y con el Gral. Onganía, la consecuente fase “Neo-liberal” fue encabezada por el Ministro Krieger Vasena, tan desastrosa que la crisis arrastró al Presidente, quien fue derrocado, al igual que en los casos previos ya vistos. Y en otros que siguieron.

(5) Tras los descalabros nazi-socialistas de Galtieri y Cámpora, el populismo “montonero” siguió con Ber Gelbard, ya con Juan Perón (1973-74). Hasta que María Estela Martínez llamó a los más “ortodoxos” (¿?) Alfredo Gómez Morales y Celestino Rodrigo, para “clean up the mess” (limpiar el desastre). No pudieron.

(6) El Gral. Videla se trajo en 1976 a José A. Martínez de Hoz, un “ultra-liberal” que estatizó una compañía eléctrica, la CIAE. Otro fracaso; terminó en la crisis financiera de 1980, la cual también se llevó al Presidente, en marzo de 1981. Tampoco pudieron sus sucesores “liberales”, Lorenzo Sigaut, Roberto Alemann y Jorge Wehbe. Misma película, actores diferentes.

(7) Como era de esperarse, “el retorno de la democracia” trajo consigo una fase populista muy aguda, al punto que el radical Raúl Alfonsín tuvo que entregar anticipadamente a Carlos Menem en 1989, en medio de la hiperinflación. Con Domingo Cavallo, el peronista Menem hizo la experiencia “Neo” liberal más estable y comparativamente exitosa: toda una década, la de los ’90.

(8) Por eso el radical Fernando De la Rúa (1999-2001) quiso reeditar el menemismo, Cavallo incluido. Pero no pudo, y como a Frondizi, la crisis le explotó en la cara: no terminó su lapso. La “estabilización” llegó con el Presidente Eduardo Duhalde y su Ministro “ortodoxo”, Roberto Lavagna (2002-03). Y luego otra vez la loca economía montonera: los Kirchner. Hasta ahora.

Ocho antecedentes previos, todos muy similares, que el señor Macri debería revisar, ¿no te parece?

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