LA SEGURIDAD EN BOGOTÁ, UN PROBLEMA NACIONAL

Se debe acabar con esas repúblicas independientes en que se han convertido las universidades y que, bajo la excusa de la “autonomía universitaria” son santuarios de la guerrilla, el narcotráfico y el hampa común

LA SEGURIDAD EN BOGOTÁ, UN PROBLEMA NACIONAL

Intervención de Ricardo Puentes Melo, en el marco de los TALLERES DEMOCRÁTICOS organizados por el Centro de Pensamiento Primero Colombia, dirigido por José Obdulio Gaviria, y que iniciaron el 29 de enero de 2011 en Bogotá. El fin de estos talleres es convocar a una gran discusión nacional sobre los asuntos cruciales de la patria para, desde ahí, integrar las propuestas a las diversas candidaturas para gobernaciones, asambleas, concejos y juntas administradoras locales.
Por Ricardo Puentes Melo
enero 29 de 2011
Ex presidente, doctor Álvaro Uribe Vélez, señor ex ministro Oscar Iván Zuluaga, organizador de estos talleres democráticos; señores exministros, congresistas, candidatos a la Alcaldía Mayor de Bogotá, Concejo y Juntas administradoras Locales. Señoras y señores.
El Centro de Pensamiento Primero Colombia, dirigido por el doctor José Obdulio Gaviria, y coordinado no menos brillantemente por el doctor Fernando Alameda, nos ha animado desde hace tiempo a abandonar la tendencia nacional de evitar escudriñar en la realidad nacional, ya sea por miedo o por desamor a la patria, y nos ha alentado a plantar en nuestras conciencias la necesidad de debatir y proponer, en mesas de trabajo en el Centro de Pensamiento Primero Colombia, soluciones para los graves problemas que aquejan a nuestra amada Colombia. Una tarea descomunal que, gracias al doctor Álvaro Uribe Vélez, quien nos mostró el camino, no se nos hace ya tan ardua, penosa y compleja.
Hablar del tema de seguridad en Bogotá, es necesariamente hablar del gran problema nacional: el narcotráfico que sustenta financieramente a la guerrilla colombia

La Mesa Directiva de los Talleres Democráticos (Foto: N. GneccSeñor 

na y a otros grupos delictivos armados y que, además, conlleva una poderosa capacidad para corromper las autoridades y funcionarios que deberían combatir este flagelo.

La ciudad está infestada de milicias que se camuflan en el pretendido anonimato que les brinda la gran urbe, y que es aprovechado para reclutar jóvenes en universidades, colegios y barrios populosos que crecen en las goteras de la ciudad y que cada día están recibiendo a cerca de 150 personas que llegan para establecerse en Bogotá en busca de mejores oportunidades.
Agravando esto, existen indicios muy serios de corrupción policial y judicial. Se sabe de policías que son sobornados para que no cumplan con su deber, policías que integran ellos mismos bandas de apartamenteros y grupos sicariales y de secuestro en complicidad con la subversión y los grandes capos de la droga. Se sabe de policías que manejan negocios fabulosos de prostitución y venta de estupefacientes. Y también tenemos conocimiento de jueces y fiscales que, a cambio de pagos de determinada cantidad de dinero, no hacen lo necesario para condenar a los delincuentes sino que se encargan de dejarlos en libertad a las pocas horas de su captura.
Varias localidades de Bogotá están llenas de desmovilizados, un problema muy grave de delincuencia porque un número de ellos vuelven a delinquir despreciando el perdón que les ha concedido la sociedad, y organizándose en bandas criminales que manejan negocios de droga, secuestro, trata de blancas, atracos, prostitución infantil y otras formas de delito.
Grupos de desmovilizados de la guerrilla las autodefensas y los traficantes de droga se están fundiendo en un solo y monstruoso grupo delincuencial que se nutre financieramente del llamado “microtráfico”, que es en realidad el más poderoso sistema de comercializar estupefacientes construyendo un mercado interno creciente de consumo de droga en Bogotá y otras ciudades del país. Se están creando pequeños ejércitos de delincuentes que dominan territorios demarcados en la ciudad.

Todo esto hace aumentar dramáticamente las tasas de homicidios y violencia.

Además, sabemos de poderosas inversiones de recursos del narcotráfico en sitios de prostitución y diversión en las conocidas zonas de rumba de Bogotá en Chapinero, la calle 85, la calle 116, la Avenida Primero de Mayo, Restrepo, la calle 93 y otras zonas más pequeñas en inmediaciones de centros educativos universitarios.

Así, la situación de seguridad en Bogotá es realmente dramática. Como dramáticas deben ser las medidas para enfrentar a los delincuentes que nos han puesto en Estado de Sitio.

Primeramente, necesitamos con urgencia una reforma a la justicia que penalice fuerte y ejemplarmente delitos como el del “microtráfico”. Hasta el momento se ha considerado desmesurado aplicar penas fuertes a los “microtraficantes”, a quienes se les ve como “consumidores” y esto ha permitido que las personas ya no comercien ni transporten grandes cantidades de droga, sino que lleven pequeñas dosis alegando que son para consumo personal bajo el amparo del “libre desarrollo de la personalidad”

Al tiempo con esto, se deben promover políticas públicas que fortalezcan la participación de padres y educadores respecto a este tema que tiene en grave riesgo el futuro de niños y jóvenes de nuestro país.

Ricardo Puentes Melo

Se deben promover penas ejemplares para quienes recluten menores de edad para la comisión de delitos relacionados con narcotráfico y conformación de grupos armados y bandas delincuenciales. Se debe aumentar la pena cuando los delitos se cometan involucrando a menores de edad y cuando sean cometidos por funcionarios públicos.

Se deben erradicar las zonas de tolerancia en Bogotá que no son más que multicentros del hampa, zonas para el libre ejercicio de la delincuencia.

Se debe integrar la adicción al alcohol dentro de la política nacional de drogas. El alcohol es la principal causa de asesinatos, riñas, violencia intrafamiliar y accidentalidad en el país.

Se debe conformar una Unidad de Investigaciones Financieras que revise con lupa el origen de las finanzas de ciertos locales y centros de rumba.

Muy importante que se creen en Bogotá Consejos Locales de Seguridad Permanentes; comités de seguridad barriales integrados por miembros de la comunidad, ejército, policía y delegados de la fiscalía. Es necesario que se haga a nivel local porque se fortalecen los lazos vecinales y, además, se respetan las diferencias particulares de cada comunidad.

Se debe acabar con esas repúblicas independientes en que se han convertido las universidades y que, bajo la excusa de la “autonomía universitaria” son santuarios de la guerrilla, el narcotráfico y el hampa común. Allí también deben existir comités de seguridad integrados por estudiantes, profesorado, ejército y policía.

Se deben establecer mecanismos de protección de testigos, peritos y funcionarios policiales. Se debe regular el sistema de técnicas especiales de investigación, agentes encubiertos, informantes y vigilancia.

Todos sabemos que en Bogotá hay inversiones gigantescas del narcotráfico que todavía no se han investigado. Es necesario repetir que los lugares de rumba y prostitución son negocios apetecidos por los lavadores de dinero.

Urge una reforma al Código de Policía que erradique las ridículas multas contempladas allí que permiten al delincuente seguir en la ilegalidad porque le sale mucho más económico que dejar de delinquir.

Vital es también que se provea al ejército de elementos jurídicos que le permitan combatir las bandas criminales, integradas –como ya se dijo- por guerrilleros, narcotraficantes y bandidos de toda clase que se refugian en el estatus de “bandas criminales” para evadir la acción del ejército, única institución entrenada y armada eficazmente para combatir estos grupos que amenazan la seguridad nacional.

Se debe revisar con lupa a las ONG que operan en Bogotá. Se debe escudriñar el origen y destino de sus finanzas ya que también se sabe que estas entidades son utilizadas para lavado de activos y financiación de la guerrilla.

Es evidente que el panorama de la seguridad en Bogotá es desalentador, pero corresponde enfrentarlo sin más dilaciones ni laberintos administrativos..

La sociedad bogotana debe organizar de inmediato mesas locales donde se discutan frontalmente, de cara a la comunidad, los graves problemas de seguridad de la ciudad. Mesas donde se desnuden los partidos políticos y organizaciones que están patrocinando la violencia mediante el sofisma filosófico del derecho al libre desarrollo de la personalidad. Partidos políticos y organizaciones que promueven el aborto, el consumo de drogas, la prostitución infantil, el asesinato político, la subversión y el aniquilamiento de valores y principios que son esenciales para la vida en sociedad y la supervivencia de un país.

Es urgente que el país retome el camino que nos enseñó la Seguridad Democrática si queremos dejarles a nuestros hijos una patria libre, segura, democrática y próspera.

Bogotá, enero 29 de 2011

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