RESPUESTA DE PLAZAS VEGA A UN PERIODISTA EX GUERRILLERO

Es bien diferente la manera de pensar de quienes hemos defendido el Estado de Derecho aún a costa de nuestras vidas y estamos en retiro, frente a quienes combatieron al Estado de Derecho a costa de segar muchas vidas y no se han retirado de esa tarea sino que sencillamente se desarmaron

RESPUESTA DEL CORONEL ALFONSO PLAZAS VEGA A UN PERIODISTA EX GUERRILLERO

Coronel Alfonso Plazas Vega

Bogotá, 20 de octubre de 2010

Señor Director

Diario EL TIEMPO

Bogotá

Respetado señor Director:

Acudiendo al derecho de réplica, me permito solicitarle la publicación de la presente carta. Ella contesta  las afirmaciones hechas por León Valencia, en la columna publicada hoy por El Tiempo e intitulada “Justicia y Paz para los militares”.

Cordialmente,

Coronel  Luis Alfonso Plazas Vega

CC # 17.108.XXX de Bogotá

Bogotá, 20 de Octubre de 2010

Señor

LEON VALENCIA

Columnista diario El Tiempo

Bogotá.

La libre expresión que los gobiernos totalitarios marxistas rechazan tiene una gran ventaja: permite a los ciudadanos de los países libres manifestarse en temas  delicados como el que Ud. aborda en su columna “Justicia y paz para los militares”.

Definitivamente,  la manera de pensar de quienes no tienen el concepto de los valores, es bien diferente de quienes lo tenemos y lo predicamos, así estemos privados de la libertad por culpa de la conciencia criminal de algunos operadores judiciales. No es vano recordar que una parte de las cartas de San Pablo recogidas en el Nuevo Testamento fueron escritas desde la prisión.

Es bien diferente la manera de pensar de quienes hemos defendido el Estado de Derecho aún a costa de nuestras vidas y estamos en retiro, frente a quienes combatieron al Estado de Derecho a costa de segar muchas vidas y no se han retirado de esa tarea sino que sencillamente se desarmaron.

El guerrillero amnistiado Leon Valencia, hoy "analista político y periodista"

[ad#center]A pesar de la escandalosa campaña publicitaria y de prensa nacional e internacional basada en la creencia de que “una mentira repetida mil veces se vuelve verdad”, como lo enseñaba su preceptor Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, los colombianos todavía no creen la impostura de que los militares desaparecimos a once empleados de la cafetería del Palacio de Justicia. En el proceso está claro que esos empleados fueron muertos por sus captores, el M-19, en el cuarto piso del palacio, el primer día de los luctuosos hechos generados por esa horda marxista. Otra cosa es que se quiera seguir sepultando la verdad, por oscuros intereses políticos y por la vindicta  del narcotráfico.

Jamás aceptaré una disminución de pena en donde no cabe sino mi absolución. No me interesa que se me disminuya la absurda sentencia de treinta años de cárcel pues esa condena sanciona un delito que no cometí. Lo que se está haciendo conmigo es una monstruosidad judicial, concebida por los mismos que cometieron los execrables crímenes que a mí me imputan. Pero lo entiendo, señor Valencia. Usted era guerrillero en armas. Por eso se utiliza el refrán que “cada ladrón juzga por su condición”.

El aberrante caso de mi condena es apenas uno de los más conocidos, pero no  el único. Hay alrededor de mil ochocientos militares y policías presos por actos del servicio, en quienes nadie repara. La gran mayoría son inocentes. Son personas honorables, de grados subalternos, que están siendo invitadas por personas como Ud., con autoridad judicial o sin ella, a endilgarse delitos que no cometieron, a cambio de una promesa de libertad. No me extrañaría si algunos caen en la tentación. No todos tienen los valores que nuestra sociedad necesita y que las instituciones castrenses recalcan en la formación de sus hombres.

El honor, la dignidad, la honradez, la veracidad, el valor ante la responsabilidad, el respeto a los demás, el sacrificio por la Patria, la abnegación, el buen ejemplo, la Patria misma, son conceptos que no se enseñan en las organizaciones criminales como aquella en la que Ud. militó por tanto tiempo. Yo lo invito a conocerlos y a practicarlos. Por siempre los he practicado y los enseñé durante años.

Cualquiera de los miles de alumnos que me escucharon le podrá explicar a Ud. esos conceptos y seguramente a otros columnistas que me juzgan sin conocerme. Lamentablemente, por ahora, yo no puedo hacerlo pues, una vez más, han violado mis derechos humanos al negarme la posibilidad de regentar una cátedra, en juiciosa atención a los ladridos de una ONG violadora de DDHH llamada CEJIL.

Los hechos del Palacio de Justicia habían  sido establecidos con claridad desde su ocurrencia en 1985, hasta el año 2005 cuando funcionarios corruptos se dieron a la tarea de desfigurarlos, para confundir y engañar al país y al mundo, y de inventar “testigos” y ofrecer dádivas y halagos a víctimas de la guerrilla que, en medio de su dolor causado por los verdaderos criminales, aceptaron mentir por un puñado de dólares. Ahora, los inocentes son los asaltantes y los homicidas somos quienes rescatamos con vida a más de 260 personas. ¿Eso cómo se llama?

Usted insinúa conductas impropias a los militares, señor Valencia. Ud. no conoce la mentalidad de los mejores hombres de Colombia, de quienes portan el uniforme de la Patria, de quienes ofrecen y han ofrendado sus vidas defendiendo a Colombia de narcotraficantes y de terroristas,  de quienes cada día recitan con el corazón y los pulmones: “…ser soldado tuyo es la mayor de mis glorias, mi ambición más grande es la de llevar con honor el título de colombiano y llegado el caso, morir por defenderte.”

Respetuosamente:

Coronel LUIS ALFONSO PLAZAS VEGA

CC # 17.108.XXX de Bogotá

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