SIETE MENTIRAS POPULARES

Los utopistas malvados siempre escapan de las críticas con la falacia de los “intereses”. Si Ud. se atreve a mostrar evidencias o argumentos que desmienten los absurdos de las izquierdas, es que Ud. “responde a oscuros intereses”

Carmen del Darién (Foto Periodismo Sin Fronteras)

Siete mentiras populares

Los utopistas malvados siempre escapan de las críticas con la falacia de los “intereses”. Si Ud. se atreve a mostrar evidencias o argumentos que desmienten los absurdos de las izquierdas, es que Ud. “responde a oscuros intereses”

Alberto Mansueti
Alberto Mansueti

Por Alberto Mansueti
Septiembre 10 de 2016

Hay una clase de optimistas perversos, “optimistas sin escrúpulos” les llama el filósofo inglés Roger Scruton en su libro “Los usos del pesimismo, el peligro de la falsa esperanza”. A Dios gracias ya está traducido al español por Editorial Ariel (2010).

Optimistas sin escrúpulos son los “idealistas” de izquierda. Creen o simulan creer en fantasiosas utopías irrealizables, para justificar sus abusos y atropellos en países antes prósperos como Cuba o Venezuela, y convertirlos en espantosos infiernos, peores que el de Dante, de los cuales los pobres condenados tratan por todos los medios de escapar. Otro ejemplo: Rhodesia del Sur, ex “granero de África”, con abundancia increíble en recursos naturales; en 1980 pasó a ser Zimbabwe, bajo la tiranía comunista de Robert Mugabe, y en menos de una década entró en barrena. Ahora más de 6 millones de personas se mueren literalmente de hambre.

Es cierto que los términos “izquierda” y “derecha” surgieron cuando la Revolución Francesa, en 1789, pero sirven para nombrar los dos conceptos claves, antagónicos, y siempre presentes en política, hoy en día como en tiempos muy antiguos: utopismo versus realismo. De acuerdo a Scruton, el pesimismo “razonable” podría servir para moderar en algo los ímpetus de los malvados utopistas, y salvarnos de las calamidades de las izquierdas, violentas y no violentas. A lo largo del libro, nos describe y explica siete “falacias” o mentiras filosóficas, que no obstante son muy populares, en versiones simplificadas, por obra y gracias de los “soñadores” criminales. Resumidamente son:

(1) La falacia de la “solución ideal”. Para cualquier problema real, desde el desempleo hasta las epidemias, pasando por la falta de vivienda, las izquierdas culpan al capitalismo, y presentan su correspondiente propuesta socialista, confiriendo más funciones, poderes y recursos al Gobierno, como “la solución ideal”. Pero sin detenerse para hacer un diagnóstico real y buscar otras soluciones mejores, ni para pensar en las posibles malas consecuencias que podrían suceder, sobre todo tomando en cuenta la naturaleza humana, y la realidad de las cosas. Sin embargo, la gente desprevenida se traga los cuentos; y cuando acuerda, ya es muy tarde.

(2) Sigue la falacia roussoniana inscrita en la famosa frase “hemos nacido en libertad, pero estamos en todas partes encadenados”, por restricciones morales, legales e institucionales que nos esclavizan, las cuales hay que barrer, destruir y pisotear, para liberarnos y ser felices. Este sofisma, compartido por los “ancaps” (anarco-capitalistas), olvida que muchas de esas restricciones no son para impedirnos disfrutar de la libertad, sino para protegerla. Porque no nacemos libres; la libertad es hija de un proceso educativo, que requiere disciplina.

(3) Los utopistas malvados siempre escapan de las críticas con la falacia de los “intereses”. Si Ud. se atreve a mostrar evidencias o argumentos que desmienten los absurdos de las izquierdas, es que Ud. “responde a oscuros intereses”. Así lo descalifican por ser “agente del imperialismo, empleado de la CIA”, o por su condición: Ud. es un oligarca ricachón, o varón, blanco, machista, homofóbico o lo que sea. ¡Como si ellos no tuvieran interés en la defensa del socialismo!

La falacia dice que si hay gente con hambre es porque otra gente come demasiado (Carmen del Darién, Foto Periodismo Sin Fronteras)
La falacia dice que si hay gente con hambre es porque otra gente come demasiado (Carmen del Darién, Foto Periodismo Sin Fronteras)

(4) Ligada a la anterior, la falacia de la “suma cero”: sostiene que si hay gente padeciendo hambre es porque otra gente come demasiado; si hay pobres es porque hay ricos; si hay “pueblos indigentes” es porque hay naciones opulentas. El colmo, que Scruton trata a fondo, es esta manera estúpida de ver las cosas, en la educación: si hay niños aplazados es porque otros sacan buenas notas; así que ¡acabemos con el oprobioso y discriminador sistema de calificaciones escolares!

(5) La “planificación central” como panacea universal. La Unión Europea y todos sus costosos organismos burocráticos, esas son las verdaderas cadenas que oprimen. El libro se sirve de muchos ejemplos de oficinas con propósitos absurdos y risibles, impuestos abusivos, y cantidad de reglamentos caprichosos pero tiránicos.

(6) El “progreso” tal como lo entienden las izquierdas es otra falacia, hábilmente manipulada. Ese “progreso” significa lisa y llanamente “más socialismo”. Así que si Ud. se opone a las nuevas tropelías y barbaridades que inventan a diario, Ud. es un “enemigo del progreso”. Si Ud. se atreve a hablar de un retorno al patrón oro, o pretende suprimir burocracias inútiles y estorbosas, o volver al viejo sistema de calificaciones escolares una vez que éstas han sido abolidas: ¡Ud. es un “reaccionario” miserable! ¡Ud quiere “volver atrás el reloj de la historia”!

(7) Por fin la “falacia de la agregación”: sumar siempre es bueno. Hay que sumar cosas, no importa que sean contradictorias o incompatibles, o que sumas de ciertos factores heterogéneos lleven a situaciones peligrosas. Robespierre por ej. dijo que la libertad, la igualdad y la fraternidad son cosas buenas en sí mismas; así que si las sumamos a las tres, entonces ¡el resultado será excelente! Los socialistas en los años ’30 decían que pleno empleo y estabilidad monetaria son ambas cosas buenas; prometieron las dos juntas, ¡por medios inconciliables! Ahora prometen incrementar gastos estatales y a la vez bajar impuestos, ¡y nadie dice nada! El “multiculturalismo” es otro caso: una cultura es buena, dos es mejor, entonces ¡tres o más culturas sumadas y amontonadas es fantástico!

Hasta aquí la lista de Scruton. Si Ud. terminó de leerla, y no va a comprar el libro, porque Ud. cree que el autor se ha quedado corto, la enumeración es incompleta, y faltan muchos otros disparates que se ha guardado en el tintero, o en el keyboard, ¡Ud. tiene razón! Y Scruton ya lo sabe. Pero un solo libro no alcanza para tanto dislate.

Hasta la próxima si Dios quiere.

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