DISONANCIA COGNITIVA Y PARADIGMA DE LA HIPOCRESÍA

El individuo que se enfrenta a dos ideas incompatibles tendrá que desafiar una de ellas. Y generalmente se desafía aquella nueva que va en contra de lo que ya hayamos considerado como “verdad”., negando todo aquello que pueda derribar su sistema de creencias. Los borregos deciden, entonces, autojustificar sus decisiones y, ante la posibilidad de aceptar que hayan estado equivocados, deciden defender con terquedad y agresividad sus actos y creencias

Fidel Castro y Álvaro Uribe

Ricardo Puentes Melo

Por Ricardo Puentes Melo
Mayo 13 de 2020
@ricardopuentesm
ricardopuentes@periodismosinfronteras.com

Un marido cornudo se niega a aceptar las infidelidades de su mujer a pesar de que existe numerosa evidencia que se niega a ver en su totalidad. Un fumador empedernido sabe de las consecuencias nefastas de ese vicio pero sigue fumando. Ambas situaciones producen en el individuo un malestar extremadamente incómodo, negándose a aceptar la evidencia que le llevaría a derrumbar su sistema de creencias.

El sujeto que se ve confrontado con evidencias que derrumban su sistema de creencias, negará hasta donde sea posible esa evidencia y se aferrará a su sistema de creencias racionalizándolo, negando todo aquello que no encaje con su dogma y buscando explicaciones inverosímiles o, simplemente, negándose de plano a aceptar la nueva información.

Esa conducta es muy propia de individuos con personalidad borreguil, de seguidores; individuos que prefieren delegar en otros su responsabilidad individual antes de corregir su camino y reconocer que estaban en la vía equivocada.  Los colectivistas prefieren forzarse a creer que la nueva evidencia que derriba su sistema de creencias, es espuria, irracional, insuficiente, “cosa de locos”.

Chávez y Uribe. Chávez y José Obdulio. Todo cobra sentido. Pero los disonantes se negarán a verlo

Cuando esta gente se enfrenta a la evidencia irrefutable, sus mentes entran en un conflicto angustioso: “¿Cómo es posible que la gente en quien creemos, las personas por las que votamos, sea tan malvada? No.. No es posible.” Ellos no pueden lidiar con estos hechos, no pueden aceptar que personas que se ven tan agradables, sonrientes y amables sean capaces de engañar de una manera tan brutal.

Fui un fumador empedernido. Con más de 40 cigarrillos diarios de “Pielroja”, y antecedentes de cáncer de pulmón en mi familia, yo mismo era un candidato perfecto para morir como consecuencia de fumar. Había visto en la morgue (como estudiante) pulmones de fumadores que parecían jirones de ropa y alquitrán sacados de una chimenea a medio consumir, y los había comparado con pulmones de fallecidos no-fumadores. Había leído sobre ese tipo de cáncer y estaba presenciando el declive de una persona que era mi ejemplo de vida, y que llevaba luchando más de 10 años contra el cáncer de pleura. Aún teniendo tres hijos pequeños, y siendo intelectualmente consciente del daño que me estaba causando con ese inmenso placer de fumar, fue muy difícil resolver ese conflicto, doloroso aceptar la evidencia del enorme daño que los fumadores se causan a sí mismos. Disonancia cognitiva que resolví a tiempo.

Por eso, entiendo perfectamente el malestar de los disonantes. Cuando un amigo muy querido me soltó su conclusión, de que Álvaro Uribe era convencido de la izquierda, yo ya estaba preparado para recibir la evidencia, analizarla y aceptarla.

Álvaro Uribe con las farianas Gloria Cuartas y Eulalia Yagari. Todos marxistas. Jamás creí que esta foto existiera, hasta que me la enviaron

Su pasado izquierdista, su presente lleno de ataques contra el Ejército, su engaño con los votantes del NO, sus ungidos (Santos y Duque) traicionando a candidatos más cercanos a la derecha, la evidencia de que él había vendido a sus cercanos que eran considerados de “derechas” (Londoño, Del Rio, Arias, Plazas Vega, Noguera, Narváez, etc) mientras que sus asesores, untados hasta el cuello de todos los escándalos de sus gobiernos, salían limpios, como con teflón, y siendo yo mismo víctima de una traición infame, me llevaron a aceptar esa verdad. Y también acepté que varios de quienes en el pasado habían tenido la plena consciencia de que Uribe era un benefactor de la izquierda, ahora se habían colocado como sus fieles escuderos a cambio de contratos y curules.

La gran masa, sin embargo, ha optado por no querer aceptar ninguna evidencia que los saque del confort de sus creencias, a pesar de que estén sostenidas sobre la nada. Los disonantes se agrupan en colectivos (“sígueme y te sigo”, “uribista sigue uribista”,”Petro es el culpable de todo), mientras los colectivos petristas hacen igual, negando la evidencia de que él es un terrorista indultado, un asesino irredento, un ladrón y un genocida que ayudó a planear la masacre del Palacio de Justicia. Los disonantes no son exclusivos de una corriente de pensamiento. Lo único que los coloca en un mismo equipo es su condición de hipocresía que los anima a reducir su disonancia mediante “la racionalización conductual, es decir, llevando a cabo más conductas justificadoras de la actitud.” (Girandola, 2000).

Fragmento de obituario publicado en El Colombiano, el 16 de junio de 1983, donde Pablo Escobar lamenta la muerte de Alberto Uribe Sierra, el padre del expresidente Álvaro Uribe. ¿Cómo negar que esto existe? Imposible ocultarlo

Los disonantes ignorarán cualquier información contradictoria con su sistema de creencias con tal de reducir su conflicto mental. O tratarán de crear explicaciones nuevas para destruir la nueva evidencia -o la fuente de ésta: “ese que dice eso, es porque no le dieron un puesto”, “ese es un resentido que le tiene envidia a Uribe (o a Petro)”, etc. A mayor incomodidad psíquica, mayor será el deseo de reducir la disonancia cognitiva.

Ese choque, estudiado por Leon Festinger (1957) entró a formar parte de la teoría de psicología social y se ha implementado en técnicas de manipulación, control mediático, dinámica de grupos, cambio de actitudes, etc. El concepto no es nuevo.

El individuo que se enfrenta a dos ideas incompatibles tendrá que desafiar una de ellas. Y generalmente se desafía aquella nueva que va en contra de lo que ya hayamos considerado como “verdad”., negando todo aquello que pueda derribar su sistema de creencias. Los borregos deciden, entonces, autojustificar sus decisiones y, ante la posibilidad de aceptar que hayan estado equivocados, deciden defender con terquedad y agresividad sus actos y creencias.

Por eso es que los valores absolutos morales contenidos en las Escrituras son tan importantes. Una persona que haya aceptado racionalmente estos valores, experimentando eso de “la verdad los hará libres”, sometiendo su sistema de creencias ante el cedazo de esos valores, y desaprendiendo, desmontando toda su edificación cognitiva para construir sobre esa verdad superior y única que es Jesús, jamás tendrá que poner en práctica ese paradigma de la hipocresía puesto en práctica por los seguidores de los bandidos, tan responsables como estos de la pendiente hacia la cual está rodando Colombia.

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