EL CENTRO DEMOCRÁTICO DEBE RECONCILIARSE CON SU HISTORIA

Tratan de vender la idea de que los candidatos y personalidades políticas que preconizan la abolición del pacto Farc-Santos son gente de “extrema derecha”. Esa reducción del adversario político, y de vastos sectores del uribismo, a una categoría tan repudiable debe ser contrarrestada con vigor

Marcha contra Santos (Foto periodismo Sin Fronteras)

El CD debe reconciliarse con su historia

Tratan de vender la idea de que los candidatos y personalidades políticas que preconizan la abolición del pacto Farc-Santos son gente de “extrema derecha”. Esa reducción del adversario político, y de vastos sectores del uribismo, a una categoría tan repudiable debe ser contrarrestada con vigor

Periodismo sin Fronteras, Bogotá
9 de junio de 2017

El santismo está haciendo creer al uribismo que ya tiene ganadas las elecciones presidenciales de 2018. “El uribismo parte como favorito para elecciones presidenciales de Colombia”, dijeron el 25 de mayo dos encuestadoras –Invamer y Cifras y Conceptos (Polimétrica)–, cuyos resultados fueron difundidos por Caracol Radio y Red Noticias.

Según esas firmas, el 12% de los colombianos quiere que el candidato “que ponga el ex presidente Uribe” para las elecciones de 2018 “sea el próximo jefe de Estado”. Tal guarismo, aunque bajo, ocupa la primera posición en esa encuesta pues la segunda corresponde a la eventual candidatura del liberal Germán Vargas Lleras, ex vicepresidente de Santos, quien tendría un 8% de favorabilidad.

El santismo está haciendo creer al uribismo que ya tiene ganadas las elecciones presidenciales de 2018 (Foto Periodismo Sin Fronteras)

En la encuesta de Cifras y Conceptos, el 22% de los consultados no sabe por quién votaría, y el impopular German Vargas Lleras aparece como el más favorecido, con un 14%. En la encuesta que publicó Radio Caracol, el 39% de los consultados no sabe por quién votaría, el 12% votaría por el candidato designado por Uribe y German Vargas Lleras aparece como el más favorecido, con un 8%.

La revista Semana publicó enseguida un artículo del ex guerrillero León Valencia donde éste examina esas encuestas y se lamenta: “El apoyo de Uribe a un candidato y la postulación de un nombre por parte de la guerrilla una vez se desarme completamente le darán un vuelco a los sondeos.”

Lo paradójico es que el único precandidato uribista que aparece en esas encuestas, Iván Duque, quien cuenta con el aval del ex presidente Álvaro Uribe, ocupa el último lugar con sólo un 2% de favorabilidad. En cambio, el precandidato Alejandro Ordóñez Maldonado, ex procurador general y líder conservador independiente, obtiene un índice de 6%, aunque su campaña presidencial no haya despegado (debe recoger medio millón de firmas para poder registrar su candidatura).

Esto permite pensar que, en realidad, la posición del Centro Democrático no es hegemónica y que, por el contrario, es más frágil electoralmente de lo que suponen los observadores y los sondeos de opinión. Peor, el CD podría correr la suerte de algunas formaciones políticas americanas y europeas que se veían como ganadoras en una contienda electoral y que a la hora de la verdad cometieron errores y fracasaron.

El Partido Demócrata creía que seguiría en la presidencia de Estados Unidos con Hillary Clinton, pero fue derrotado por el republicano Donald Trump. El Partido Conservador británico creía que el Brexit sería rechazado y no lo fue. En Francia, la campaña electoral del neogaullista François Fillon fue torpedeada por un falso escándalo político-judicial impulsado por la izquierda. Esto le impidió a Fillon explicar su programa y hacer una campaña exitosa. Fillon perdió una parte de los votos de su propio partido y de los sectores de centro y no llegó a la segunda vuelta de la elección, a pesar de los cinco años calamitosos e impopulares del socialista François Hollande. Esa fue la primera vez que, en Francia, un partido de derecha no participaba en la segunda vuelta de la presidencial.

El CD podría estar siendo el objeto de un tratamiento especial discreto que le permita al candidato continuador de las políticas de Santos ser elegido en 2018

El CD podría estar siendo el objeto de un tratamiento especial discreto que le permita al candidato continuador de las políticas de Santos ser elegido en 2018.
Los ingredientes principales de la situación, internos como externos, son los siguientes:

1. Comienzan a aparecer signos de una insatisfacción dentro del uribismo ante la ausencia de una política más combativa del CD ante el gobierno de JM Santos y los pactos secretos Santos-Farc.

2. Esa insatisfacción crece ante la incapacidad que muestra el CD de oponerse con éxito a la agenda suicida y entreguista de Santos en beneficio de los intereses de Cuba y las Farc. En los últimos cuatro años, Santos ha hecho lo que ha querido y las constancias y debates parlamentarios del CD no han logrado frenar ni suspender ninguno de los puntos claves de la agenda del Farc-santismo.

3. La debilidad del CD se hizo más visible cuando esa formación renunció a sacar las conclusiones que imponía el triunfo del No en el plebiscito nacional del 2 de octubre de 2016. En lugar de pedir la renuncia de Santos y movilizar al país contra los acuerdos de La Habana, el ex presidente Uribe participó en un intento de negociar con Santos, en un discreto comité, algunas modificaciones a ese acuerdo rechazado por el electorado. Santos se burló de Uribe y de los otros jefes de la campaña del No al reimponer un texto idéntico al anterior, con algunas adiciones que confirmaron su carácter nefasto. El “segundo acuerdo de paz” no fue consultado ni negociado con nadie de la sociedad civil.

La izquierda y el santismo quieren impedir toda reflexión que le permita al CD corregir los errores de construcción partidaria y de orientación política

4. El santismo y la izquierda pro Farc están intentando explotar el malestar interno del CD. Quieren impedir toda reflexión que le permita al CD corregir los errores de construcción partidaria y de orientación política. El estado de postración del CD es causado, en gran medida, por la ausencia de una línea más ofensiva de acción política y de una definición ideológica-programática más clara.

5. La escogencia del candidato presidencial del CD podría verse afectada por esa situación interna. Algunos piden que el candidato sea escogido mediante una “consulta abierta”, no por una convención del CD. Sin embargo la consulta abierta permite a los adversarios políticos del CD intervenir e inclinar la balanza en uno u otro sentido. Las “primarias abiertas” abren la puerta a injerencias. Por eso ellas agravaron aún más las divisiones internas de los partidos europeos que se sometieron a ese método. La propuesta de que el candidato presidencial del CD pueda recaer en la cabeza de un líder que no sea necesariamente miembro del CD debe ser acogida, si se quiere reforzar la emergencia de un “frente republicano” coherente que luche en todas las esferas contra los avances de la depredación Farc-santista.

En consecuencia, a la escogencia del candidato presidencial del CD por una convención deben ser invitados, también, y con plenas garantías, las bases y líderes de las fracciones conservadoras y cristianas del país. Ese candidato de consenso inter-partidario debe rechazar la totalidad de los acuerdos Farc-Santos.

6. Los enemigos del CD aseguran que para conquistar la presidencia el uribismo debe hacer alianzas “muy vastas” y limitarse a hacer electoralismo. Hacen creer que debe introducir cambios centrales a las posiciones habituales del uribismo. Quieren que el CD deje de ser una propuesta de centro-derecha, liberal-conservadora, social, de combate contra las Farc y el castrismo continental, y se convierta en una propuesta “progresista”.

El senador Duque impulsa la idea de que el CD es “centrista” y que se deben forjar alianzas hasta con el comunismo

7. El senador Iván Duque, con apoyo del ex presidente Uribe, impulsa la idea de que el Centro Democrático es ahora una formación “centrista” capaz de forjar una alianza electoral en la que caben las corrientes políticas más diversas y contradictorias: desde el sector uribista tradicional, hasta los seguidores del comunista Angelino Garzón.

Duque estima que para ganar la presidencia en mayo de 2018 el CD debe hacer alianzas con los progresismos del país, y no con los defensores del No a los acuerdos Farc-Santos. Si el CD deja que esa desviación se imponga, el núcleo que dirige esa lamentable intriga tomará el control y hará estallar el CD cuando lo considere necesario.

8. Álvaro Uribe rechaza hoy explícitamente querer hacer una coalición de derecha. “Nosotros estamos buscando una coalición alrededor de los principios de una democracia progresista”, dice el expresidente. El senador Uribe cree saber que los acontecimientos políticos en Francia le dan razón, que Emmanuel Macron es un “centrista” y que se propone corregir los errores de gobierno del socialista François Hollande. Uribe se equivoca.

El nuevo presidente francés es un socialista cuyas diferencias con Hollande son sólo de matiz. Incluso respecto de lo que ocurre en Venezuela el expresidente Uribe tiene ideas cuestionables. Él llega al extremo de afirmar que Maduro no es de izquierda, que es un “destructor de la democracia” y “de todo”, pero que ese dictador no es de izquierda. ¿Sera entonces de derecha? Tal valoración de Uribe muestra un cambio considerable de visión. Hugo Chávez y Nicolás Maduro destruyeron a Venezuela. Maduro está hambreando, reprimiendo y martirizando brutalmente a su país para preservar los intereses de Cuba, un país regido por una ideología totalitaria de izquierda, sangrienta y extrema: el castrismo. Negar eso es no querer ver la realidad política del continente.

9. Los nuevos consejeros “progresistas” del ex presidente Uribe intentan hacerle creer que el sistema electoral reformado por Santos, lo que incluye, entre otras cosas, el sistema de voto electrónico, respetará los resultados de las elecciones (presidencial y parlamentaria) de 2018.

En realidad, las elecciones de 2018 podrían ser aplazadas por Santos. El 20 de diciembre de 2016, el senador Ernesto Macías, del CD, denunció que Santos quiere suspenderlas “para permitir el ‘gobierno de transición’ de Timochenko”.

El CD no ha investigado ese riesgo. En cambio, sus nuevos amigos quieren que el CD abandone su oposición sistemática a los pactos Farc-Santos y adopte una actitud conciliante, aceptando la mayoría de cláusulas de ese pacto y negando los principios y valores originales del CD y de las personalidades, grupos y partidos exteriores al CD que militaron por el No ante el pasado plebiscito.

La izquierda, incluido el santismo, busca que el CD no movilice sus bases para derribar el régimen espurio de Santos y FARC

10. Ellos buscan que el CD no intente movilizar a sus bases y al país en general para derribar la institucionalidad espuria que Santos-Farc le ha impuesto al país en menoscabo de la Constitución nacional y se limite al juego parlamentario y al fetichismo electoral.

11. Con el apoyo diplomático del presidente Barack Obama, y con la ayuda técnica de los agentes del castrismo, Santos logró neutralizar a la clase política colombiana, a la oposición parlamentaria, al Congreso, al poder judicial, a la Procuraduría General, a la prensa nacional. Nada parece poder oponerse a sus designios. Su desprestigio es general en el país pero Santos hace lo que quiere, pues cree que nadie es capaz de pararlo. Sus principales opositores, aunque contaban con el apoyo de las mayorías del país, nunca fueron capaces de organizar la destitución del jefe de Estado a pesar de que sobran los motivos pues él violó varias veces la Constitución y las leyes de Colombia para imponer al precio que fuera el “proceso de paz”.

12. El 31 de mayo de 2017, dos cabecillas de las Farc, con fuerte escolta armada, irrumpieron ilegalmente en la sede del Congreso de Colombia sin permiso del Senado ni de la Cámara de Representantes. Ese mismo día, en una vereda del Guaviare, militares de la Fuerza de Tarea Omega fueron atacados a bala por terroristas “desmovilizados” de las Farc. Un capitán fue herido y otro militar fue secuestrado por los delincuentes. El gobierno de Santos no reaccionó ante tales agresiones y se conformó con las explicaciones de las Farc. A ese nivel de complicidad con el crimen narco terrorista ha llegado el presidente Santos.

Dirigentes “progresistas” del CD, como Duque, quieren vender la idea de que abolir los acuerdos con las FARC es posición de “extrema derecha”

13. Dirigentes del CD, como Iván Duque, quien no ha querido explicar qué compromisos tiene con la organización del especulador financiero y magnate izquierdista George Soros, se han dado a la tarea de estigmatizar a todos aquellos que no se someten a la nueva orientación del CD. Tratan de vender la idea de que los candidatos y personalidades políticas que preconizan la abolición del pacto Farc-Santos son gente de “extrema derecha”. Esa reducción del adversario político, y de vastos sectores del uribismo, a una categoría tan repudiable debe ser contrarrestada con vigor.

14. No hay candidatos ni precandidatos de extrema derecha en Colombia. Sí hay candidatos de derecha, liberales y conservadores. La extrema derecha es otra cosa: es una fuerza claramente subversiva. La extrema derecha tiene rasgos comunes con las bandas comunistas. Se caracteriza por el uso que hace de la violencia física y moral para imponer su ideología.

Es antisistema, anti democracia y anti capitalistas. Detesta el juego parlamentario y rechaza hacer parte del sistema republicano, participar en elecciones, en plebiscitos, etc. La extrema derecha es antiamericana, racista, xenófoba, antisemita, antisionista y anti-Israel. Cree que el mundo está gobernado por un “lobby judío mundial”. ¿Qué precandidato defiende en Colombia un tal programa? Ninguno.

15. Sobre la naturaleza de los acuerdos Farc-Santos. Fueron escritos con una sola perspectiva: desmantelar la institucionalidad vigente de Colombia, la economía de mercado, la democracia liberal y erigir una institucionalidad colectivista, que le permita a las Farc, bajo los ropajes de un nuevo partido político, apoderarse de las palancas del Estado. La meta de esos acuerdos es la constitución de un “gobierno de transición”, un gobierno “bolivariano”, como dice alias Márquez.

16. Esos acuerdos no son un conjunto disparatado de capítulos y clausulas. Son un bloque de imposiciones de las Farc a Santos en su pacto. No hay puntos buenos ni menos buenos. Cada párrafo de ese texto hace parte de un todo colectivista. Es una arquitectura coherente al servicio de una lógica: hacer la revolución socialista tomándose el castillo por dentro. Hay que revocar la totalidad de los acuerdos y pactos secretos de La Habana con Santos y proponer un acuerdo de paz basado en la justicia y en el bloque de constitucionalidad colombiano (excluyendo los pactos Farc-Santos).

17. Es un error decir que el particular pacto Farc-Santos son “temas ya aprobados”, o que son “reformas ya aprobadas” y que sólo algunos de sus puntos deben ser “enmendados”. Igualmente errado es decir que esos pactos son “temas que quedaron atrás” pues el Gobierno “los da como aprobados”. En realidad, esos acuerdos son ilegales, no existen jurídicamente, luego no tiene sentido “modificarlos parcialmente”. Hay que rechazarlos de plano y totalmente. El plebiscito los abolió de manera muy clara.

De los candidatos de derecha, Alejandro Ordóñez es hasta ahora el mejor ranqueado en las encuestas

18. La oposición no debe caer en el sofisma de creer que revocar o hacer trizas el “acuerdo de paz” es lanzar a la guerra y dejar sin piso a los guerrilleros y milicianos de las Farc que se hayan desmovilizado y realmente entregado las armas. Colombia dispone de una legislación que permite encuadrar a esas personas y permitirles su reintegro a la sociedad. Esa reintegración no depende exclusivamente de la llamada “implementación” del pacto Farc-Santos. Ese mito es el que hace decir a algunos en el CD que es imposible revocar la totalidad del acuerdo Santos Farc.

19. La estrategia de las Farc no es la paz. El pacto Farc-Santos no ha traído la paz a Colombia. La guerra continúa y se intensifica bajo otros ropajes. El objetivo de las Farc es seguir siendo un elemento hostil a la democracia. Las Farc seguirán siendo un quiste canceroso en el seno de Colombia.

No han renunciado a su programa ni a sus orientaciones iniciales. No pretenden integrarse a la vida pacífica y a la contienda política democrática. Buscan explotar las brechas abiertas para subvertir el Estado, derribar el sistema y dominar la sociedad. Las Farc quieren pasar a esta nueva fase de su “lucha”, abierta por Juan Manuel Santos, como una organización cerrada, como un Estado dentro del Estado, no como individuos.

Colombia debe reconocerle a los guerrilleros que se desmovilicen realmente los derechos que tienen los colombianos, como individuos, pero no como organización político-militar. Un partido armado, lo que son las Farc hasta hoy, después de haber firmado la paz y de haber conseguido territorios donde pretenden que no los alcance la ley, es inadmisible. El supuesto nuevo partido de los desmovilizados no puede ser armado y no puede proponer el derrumbe de la Constitución. La ausencia de debate y de exigencias claras del CD y de la oposición al respecto, le ha abierto nuevas avenidas a la violencia subversiva.

20. La estrategia de las Farc es utópica. Es la paz en armas. La paz provisional armada. Es la transformación bélica de un territorio. Es la concentración de sus fuerzas narco-militares en puntos claves del suelo colombiano. Es la mutación, por un tiempo, de sus bases, en partido armado con un programa anti democracia y anti capitalismo. “Partido” que tarde o temprano volverá a dar el asalto violento contra el poder establecido. Para las Farc, Colombia no es un pueblo sino una población; no es un país sino un territorio; no es una nación sino un grupo disparatado de etnias y comunidades.

21. Colombia, es decir su pueblo (pues el alto gobierno de Santos ha pasado a manos del enemigo) lucha por preservar su democracia y desarrollar su economía libre, en armonía con el resto del mundo. La nación colombiana lucha para no caer en la esfera exclusiva de una dictadura extranjera que la desangrará inevitablemente, como ocurrió en Venezuela, penetrada y controlada hasta los huesos por la Cuba castrista.

22. Colombia lucha no solo contra el narco-terrorismo de las Farc sino también, y al mismo tiempo, contra fuerzas y estructuras políticas, privadas y estatales, que disponen de enormes recursos a escala internacional. Y que tienen largas fronteras con Colombia. Por su odio y su actitud ambivalente anti Trump Santos aleja el país de Estados Unidos y sigue, por caprichos ideológicos, una política destinada a deteriorar las relaciones con España. En ese contexto es legítimo que Colombia busque reconstruir su diplomacia y encuentre aliados poderosos a escala mundial que la ayuden a salir de la situación trágica de cerco interno e internacional en la que hoy se encuentra.

23. Nadie ignora que los liberales y las Farc están negociando una coalición que pretende llegar a la segunda vuelta. En consecuencia, se requiere que las derechas, los cristianos, protestantes, es decir todos los sectores que militaron por el No, se coaliguen y, antes de la primera vuelta, se doten de un programa principista alrededor del cual puedan gravitar todos ellos. Líderes como Uribe, Ordóñez, Pastrana, Ramírez deben entender que es decisivo erigir, sin reticencias, una gran candidatura de unidad y erigir un frente combativo que despliegue la campaña y esté en capacidad de hacerle frente a los intentos burdos o sofisticados de fraude que se pueden esperar del campo adverso.

Lista de firmantes

Eduardo Mackenzie
Lía Fowler
Ricardo Puentes Melo
Jesús Vallejo Mejía
Rafael Uribe Uribe
José Alvear Sanín
Brigadier General (r.) Adolfo Clavijo
Coronel (r.) Luis Alberto Villamarín Pulido
Gracia Salgueiro
Annette Tessmann
Pedro Corzo
Ricardo Angoso
Beatriz de Majo
Jean-Gilles Malliarakis
Oscar Alberto Díaz García
Alberto López Núñez
Jorge Guidobono
Rodrigo Obregón

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