MEMORIAS KAFKIANAS EN LA PANDEMIA

Vas a una oficina del banco Itau y el vigilante nunca sabe nada de nada, como si fuera alguien ajeno al banco y le hubiera contratado la competencia. Luego los que están en la caja no pueden ayudarte ni resolver nada y, nuevamente, te remiten a ese maldito teléfono 581 81 81 que no atiende nadie

Bogotá en pandemia, abril de 2020, Carrera 7 con calle 22 (Foto Ricardo Angoso)

Ricardo Angoso

Por Ricardo Angoso
Abril 30 de 2020
@ricardoangoso

En estos tiempos de pandemia, les recomendamos no creer mucho, sino más bien nada, a nuestros gobernantes a nivel nacional, regional y local, pues la mayoría de sus promesas suelen ser pura paja, que se dice vulgarmente, y la mayor parte de los datos ofrecidos, como sus millones de mercados, moratorias en los préstamos bancarios y supuestas ayudas, son una vulgar mentira. 

Pregunten a sus vecinos, familiares y amigos si alguno recibió algún mercado o algún tipo de ayuda y se sorprenderán que, realmente, los millones de beneficiados de los programas de la Alcaldía  y el Gobierno nacional, por no hablar de otros entes, son realmente inexistentes; ni se tiene noticias de los mismos ni las habrá en el futuro, con toda seguridad. 

Igual ocurre con los anuncios de los bancos, las entidades públicas y privadas, la cámara de comercio y las empresas prestadoras de servicios, en el sentido de que nos ayudarían a los desgraciados empresarios o simples ciudadanos que hemos caído en medio de un confinamiento en manos de semejantes sinvergüenzas. La alcaldesa prometió que por un mes no pagaríamos servicios y el asunto se lo llevó el viento, del mismo modo que el presidente Duque informó que habría moratoria en los préstamos bancarios, otra mentira más en la larga lista que hemos tenido que sufrir durante esta auténtica pandemia de farsantes para la que no hay ninguna vacuna. A continuación, les contaré mi experiencia con mi propio banco durante esta crisis y la cadena de agravios que sufrí por parte de esta empresa en estos escasos cuarenta días de confinamiento. Lo que relato a continuación es tan real como la vida misma.

Centro de Bogotá en época de Pandemia (Foto Ricardo Angoso)

1.Moratoria en los préstamos. Lo he solicitado tres veces, pero no ha habido manera. Ni me lo confirmaron por correo, como decían, y encima en una segunda ocasión me aseguraron que en la primera vez que lo solicite se les habían borrado los datos del sistema y habría que volver a comenzar el proceso. A la tercera tampoco fue la vencida, pues al cabo de unos días ejecutaron el cobro y me dejaron la cuenta en sobrecubierto, con los correspondientes costos de intereses y molestias de tener que salir en plena cuarentena para cubrirlo. Al día de hoy, pese a las quejas, llamadas y envíos de correos, no ha habido respuesta. O pagas, o te embargan, así funciona el sistema de atención al cliente del Banco Itau.

2.El teléfono no funciona o esperas horas para que te atiendan. Esta gente no tiene piedad. Te diriges al banco, pides hablar con alguien, solicitas alguna información o prestación de algún servicio y te mandan al teléfono 581 81 81. En esa línea, si consigues que alguien te atienda después de esperar como mínimo una hora, siempre el que atiende el teléfono te remite a otro colega suyo porque ellos son incapaces de atender la demanda, entonces: ¿para qué contratan a esa gente que solamente sirve para coger un teléfono? Después de nuevas esperas, siempre en línea y gastando tu plata, al final toman  nota para dar cuenta de una queja por la que nadie responde y de la que supuestamente te informarán a través de un correo electrónico que nunca te llegará. O te llega con una clave para abrirlo que no tienes, es todo como de una novela de Kafka, un mundo surrealista y absurdo. Itau, desde luego, no es de este mundo.

Sin posibilidad de establecer comunicación humana con el banco Itau, me voy al cajero automático de su oficina y cuando por fin voy a sacar el dinero me dice que el precio por sacar 600.000 pesos con una tarjeta distinta a las suyas son ¡14.500 pesos! Qué pandilla ineptos y delincuentes!,

3.No atiende nadie en el banco y te manda a una web chimba. Vas al banco y como autómatas, y no como auténticos profesionales de la banca, que para eso les pagan y se supone que están formados, siempre te responden que nuevamente llames al teléfono 581 81 81 o vayas a la página web. ¿Para que abren las oficinas y tienen a cinco o seis personas trabajando ahí que no sirven para nada? 

4.El correo electrónico tampoco sirve. Ya, una vez que has agotado todos los cauces racionales para intentar que te atienda este banco imposible e ilógico, recurres al correo electrónico y tratas de que algún ser humano te responda a tus requerimientos, pero resulta que es una demanda inútil y estéril, puesto que nadie contestará nunca tus correos dirigidos al banco o a alguien que se supone que está en su casa haciendo teletrabajo. Pero nada de nada, nunca hay respuesta, es como escribir a un ente metafísico ajeno a este mundo.

5.Ni tus asesores. Pero si los correos no responden, tampoco lo intentes con tus asesores, ya que el teléfono que viene en sus tarjetas nunca responde y se va a buzón de voz y con el correo pasa más de lo mismo: está en vía muerta que se dice, nadie responde.

Bogotá en pandemia. Carrera 8 con 22 (Foto Ricardo Angoso)

6.El cajero te cobra comisiones abusivas. Finalmente, tras muchos problemas de financiación, sin dinero, ahogado económicamente y sin posibilidad de establecer comunicación humana con el banco Itau, me voy al cajero automático de su oficina y cuando por fin voy a sacar el dinero me dice que el precio por sacar 600.000 pesos con una tarjeta distinta a las suyas son ¡14.500 pesos! Qué pandilla ineptos y delincuentes!, eso es lo que poco que se puede decir de esta gente.

7.No perdonan los servicios y te dejan la cuenta en número rojos si te llega alguna factura. Los servicios siguen llegando, a pesar de que diga la alcaldesa fantástica, y vamos que si llegan, con todas las de la Ley, pues te los cobran el mismo día en que se cumple el plazo. Además, si no tienes fondos, como me ocurrió una vez, te dejan la cuenta sobregirada y los intereses corriendo en tu cuenta para cuando ingreses el dinero te den lo más duro posible. Lo que se trata, desde luego, es machacar al cliente, hundirlo hasta el fondo para que si no ha contraído el COVID-19 al menos se arruine para siempre. Para eso están los bancos, ¿no?

8.Solamente funciona la caja atendida por gente inexperta. Vas a una oficina del banco Itau y el vigilante nunca sabe nada de nada, como si fuera alguien ajeno al banco y le hubiera contratado la competencia. Luego los que están en la caja no pueden ayudarte ni resolver nada y, nuevamente, te remiten a ese maldito teléfono 581 81 81 que no atiende nadie.

9.Realmente no es un banco, ya que no presta ni servicios ni ayuda en nada. Se supone que un banco, al menos tal como lo concebimos en otros países y mi experiencia de muchos años en los negocios me ha enseñado, es una empresa prestadora de servicios y no una suerte de organización de inútiles sin fronteras que no saben nada de nada y son incapaces de atender a sus clientes de una forma adecuada, correcta, profesional y educada. Un banco nos son unos autómatas, que como loros repiten todos los días una y mil veces un teléfono de información o una web, sino es otra cosa, al menos en París, Londres o Roma.

10.Y para más INRI: me cobraron un servicio dos veces. La pasada semana me llega el recibo de la luz, que supuestamente tenía domiciliado en mi banco, y para mi sorpresa me dirijo hasta mi oficina y pregunto si ya estaba pagado y me responden que no, que había sido devuelto por falta de fondos y había que pagarlo directamente en un punto de pago. Lo pagó, abonó el dinero en un centro de pago en la Olímpica. Al cabo de unos días, entró en Itau por internet y para mi sorpresa veo que el recibo se había abonado cinco días antes del pago. Conclusión: lo pagué dos veces por negligencia manifiesta de su personal. Y ahora, encima, me dicen, que reclame a Condensa como si con ellos no fuera el tema, en una afrenta absolutamente alucinante de hasta dónde puede llegar su incompetencia y escasa profesionalidad.

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