NEGOCIOS CON BANDIDOS, NEGOCIOS ENTRE BANDIDOS

En la última semana de marzo de este año, las Fuerzas Militares dieron de baja a 36 guerrilleros, y capturaron a tres de ellos. El evento se registró como si fuera un producto de la eficiencia del gobierno, pero solo fue un acuerdo entre pillos

Negocios con bandidos, negocios entre bandidos

Fue evidente la traición de Santos a Cano. Y por ello, la izquierda del país y de la región protestó enérgicamente recriminando al presidente de Colombia por no haber tenido el compromiso suficiente para haber frenado la operación contra “Alfonso Cano” que venía adelantada desde el gobierno de Uribe, igual que sucedió con la que resultó en la baja del “mono Jojoy”

Ricardo Puentes Melo

Por Ricardo Puentes Melo

Agosto 29 de 2012

La historia lo ha demostrado una y otra vez: nadie más que un bandido puede negociar en condiciones de igualdad con otro bandido.

Y en estas negociaciones con las FARC sucede lo mismo.

Por ello, cuando el camarada Santos anunció al mundo que el marco jurídico para la paz no contemplaría, bajo ninguna circunstancia, indultos ni participación política para guerrilleros, no pude menos que sonreír tímidamente y correr a buscar en internet algún país amigo que nos brinde refugio cuando Timochenko, jopoviejo, Gabino, patesopa, jetaechumbe, carepuño y otros criminales lleguen al Senado de la República.

Aunque el camarada Santos dio la noticia de que los guerrilleros no escaparían a la acción de la justicia en mayo de este año, la flaca memoria de los colombianos, alimentada por la publicidad mediática –que también se paga con nuestros impuestos-, recoge los nuevos anuncios del gobierno sin inmutarse un ápice. Dice hoy el camarada que los guerrilleros sí tendrán indultos y también participarán de cargos públicos y de elección popular (http://www.lostiempos.com/diario/actualidad/internacional/20120524/santos-no-habra-indulto-ni-cargos-para_172504_362809.html)

Conociendo como conozco a los hermanitos Santos, y sabiendo bien que Enrique –de la cúpula del M-19, amigo personal de Jacobo Arenas, Cano y Tirofijo, e involucrado con el asesinato de Gloria Lara-, es quien le habla al oído a su hermano menor, Juan Manuel, también amigo de terroristas y compañero de caza de Mancuso, yo tenía motivos suficientes para dudar de las palabras del camarada presidente.

Con todo, hasta hace poco el camarada Santos se me hacía traidor pero inofensivo, sin ningún asomo de ser capaz de acumular sangre sobre su cabeza con tal de conseguir sus fatuos objetivos de figurar en las primeras planas de los diarios del mundo como el hombre que alcanza la paz en Colombia. Nunca llegué a pensar que Santos fuera algo más que un simple petimetre sólo pendiente del botox, el delineador de ojos, y las cosas raras y glamorosas que se usan en las fiestas del mismo estilo.

Pero empecé a cambiar de opinión cuando “Alfonso Cano” fue dado de baja. Las conversaciones sostenidas entre el gobierno y el comandante de las FARC eran conocidas por los entes de inteligencia del país, igual que la visita del guerrillero a Venezuela, auxiliado por este gobierno y el de Brasil, bajo el manto de trampas tejido por Piedad Córdoba.

Juan Manuel Santos e Iván Ríos, en el Caguán

Fue evidente la traición de Santos a Cano. Y por ello, la izquierda del país y de la región protestó enérgicamente recriminando al presidente de Colombia por no haber tenido el compromiso suficiente para haber frenado la operación contra “Alfonso Cano” que venía adelantada desde el gobierno de Uribe, igual que sucedió con la que resultó en la baja del “mono Jojoy”.

Sin embargo, y así lo publiqué, advertí que la muerte del comandante de las FARC no haría mella alguna en la guerrilla, y que ésta no era más que un golpe publicitario buscado por Santos para levantar su ya raída imagen en las encuestas. Aseguré en su momento que las conversaciones iniciadas desde el comienzo de su gobierno (no hace días, como asegura falsamente el presidente), no sufrirían ningún entorpecimiento.

También dije en un encuentro con ACORE que el propósito de las conversaciones de paz entre Santos y los cabecillas de la narcoguerrilla de las FARC no apuntaban a buscar la terminación del conflicto sino que eran un sencillo trato entre maleantes que permitiría a Santos obtener su codiciado premio de Paz, más algunos milloncitos que no le caen nada mal, y que – a su vez, lograría que la comandancia guerrillera pudiera lavar cientos de millones de dólares procedentes del secuestro y el narcotráfico.

Recordemos que lo único bueno que nos dejó el Caguán fue que la base guerrillera pudo ver en vivo y directo cómo sus comandantes comían y bebían hasta reventarse, fornicando con las prostitutas que hacían traer desde diversas partes del país y el mundo, en orgías macondianas de las que también participaban los delegados del gobierno Pastrana. La droga era servida en bandejas de plata, las mesas se llenaban con faisanes, caviar, champagne francés, langosta y otros platos tan innombrables como costosos. Entretanto, los guerrilleros analfabetas tenían que contentarse con comer lentejas, arroz y huevo, beber aguardiente y echarse con las mujeres nativas que desechaban sus comandantes.

En el Caguán los guerrilleros de base se dieron cuenta de que el discurso marxista de los comandantes era hipócrita.

Jojoy en una de sus juergas

Desde esa época, varios mandos intermedios mostraron su inconformismo, y fueron fusilados. Pero la tropa siguió murmurando. Cuando llega la arremetida de Álvaro Uribe contra las FARC, los comandantes se refugiaron en Venezuela con sus hombres más cercanos. Allí gozan desde entonces de las mieles de los petrodólares, los viajes a Europa y Cuba, mujeres, trago y placeres prohibidos para sus subordinados. Y, mientras estos cobardes se escondían bajo las faldas de Chávez, no tuvieron el más mínimo recato en ordenar a los infelices de las bases que siguieran propinando golpes, enfrentando al ejército, secuestrando, enviando droga al exterior y, por supuesto, también dieron instrucciones para que el botín fuera consignado en las cuentas de los comandantes protegidos por Chávez. En otras palabras, la guerrillerada pobre debe arriesgar sus vidas para que la guerrillerada oligarca siga con sus vidas opíparas.

En este contexto, es apenas entendible que los parásitos que se refugian en Venezuela –léase Timochenko, Gabino, Márquez y el resto de espantadizos- quieran integrarse a la supuestamente odiada dirigencia colombiana. Buscan que sus capitales, que también han sido invertidos en grandes empresas, sean legales; y quieren que sus hijos, que se educan en las mejores universidades de Europa o “el imperio”, laven su imagen y entren por la puerta grande al poder público. El ejemplo lo dieron ya los criminales del M-19 que lograron el acuerdo y consiguieron que ellos o sus hijos fueran senadores, gobernadores, acaldes, etc. Hombres “respetables”.

A Santos le importa un pepino que los terroristas queden impunes y multimillonarios. Él solo busca satisfacer su desmedido ego.

Un ego que lo condujo a realizar un trato macabro con los dirigentes de las FARC en Venezuela, que consistió en la entrega como sacrificio propiciatorio y muestra de la buena fe fariana, de más de treinta guerrilleros que fueron dados de baja por las Fuerzas Militares.

Así registró la prensa afín a Santos el sacrificio que brindaron los comandantes de las FARC a Santos

El trato fue el siguiente: Los comandantes de las FARC le dijeron al gobierno de Santos que estaban dispuestos a dar muestras de la buena fe de la cúpula fariana. Y sin ningún recato ordenaron a un buen número de sus hombres para que se reunieran en el municipio de Vistahermosa, Meta, con la supuesta excusa de realizar entrenamientos. Luego, una vez confirmaron que habían obedecido, los cabecillas de las FARC le pasaron las coordenadas al gobierno que, a su vez, dio orden a las Fuerzas Militares para que asestaran ese golpe. De paso, se librarían de alias “Efrén” un hombre molesto para el comando central de las FARC.

Y así sucedió. En la última semana de marzo de este año, las Fuerzas Militares dieron de baja a 36 guerrilleros, y capturaron a tres de ellos. Allí se encontraron armas de palo, propias de los entrenamientos. El evento se registró como si fuera un producto de la eficiencia del gobierno, pero solo fue un acuerdo entre pillos.

Desde el principio de su gobierno, el camarada Santos mostró sus preferencias

De esa muestra “de buena voluntad”, surgió la reunión en Cuba a donde viajaron Sergio Jaramillo, el ministro Pinzón, Santos, Márquez y “el médico” para iniciar formalidades para las conversaciones.

A mí, honestamente, no es que me indignen las traiciones entre maleantes. Lo que me duele es que por este pacto entre bandidos se esté arrodillando a Colombia y su ejército ante los capos narcoguerrilleros.

No nos extrañemos de futuras traiciones de lado y lado.  Las bases de las FARC saben que sus jefes y el gobierno los quieren entregar como marranos para el matadero, y me atrevo a asegurar que al mismo tiempo que Enrique Santos, César Gaviria, Sergio Jaramillo, Leon Valencia, los monseñores, los generales Bonnet, Herrera Berbel y Tapias se reúnen con los terroristas en Noruega, Cuba y Venezuela,  los mandos medios de las FARC, que controlan el tráfico de droga y poseen las armas, arreciarán los ataques al país. No son los tontos que Santos y sus contertulios creen que son.

Diez o quince hampones de las FARC y otros tantos del gobierno están repartiéndose el país, deteniendo cursos de ascensos a militares, enviando soldados a la cárcel y premiando a uniformados corruptos. Diez o quince sinvergüenzas están decidiendo sobre la suerte de 47 millones de colombianos. Diez o quince bellacos están postrando al glorioso ejército nacional colocándolos como estrados para que la infamia triunfe.

Entretanto, los colombianos seguiremos soportando a la hiena que traicionó al país. Seguiremos aguantando y aprendiendo que los negocios y conversaciones con bandidos no son más que negocios y conversaciones entre bandidos.

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